La micropigmentación, también conocido como el maquillaje permanente, es una técnica que se está popularizando cada vez más estos años y que permite modificar aspectos de nuestro físico con ligeras pinceladas de pigmentación. Se utiliza para aportar volumen, corrección y estética a diferentes partes del cuerpo, aunque es muy popular a la hora de retocar los labios, las cejas, las pestañas y la cara en general.

¿Qué es la micropigmentación?

La micropigmentación, como su nombre indica, es la aplicación de pigmentos pequeños (micro-pigmentación) en la piel. Para decirlo de forma más coloquial, se trata de un maquillaje semipermanente que aporta una solución para la parte que quieras durante un buen periodo de tiempo, generalmente comprendido entre los 6 y 18 meses, dependiendo de la persona y el punto que se pigmente. Con esta técnica, podemos tener las cejas perfectas o unos labios de infarto durante mucho tiempo y olvidarnos de estar retocándolos constantemente.

Esta técnica también se ha utilizado para reconstruir aureolas mamarias, disimular la pérdida de cabello o para cubrir cicatrices y quemaduras. Como se puede observar, esta técnica tiene un único objetivo: que la persona que reciba el tratamiento se sienta mejor consigo mismo.

¿Cómo funciona la micropigmentación?

La micropigmentación es una dermopigmentación, es una aplicación de pigmentación en la piel a nivel epidérmico. Para aplicarlo, se sirve de una aguja, con la que se aplican los tintes en la piel, como si de un tatuaje se tratase. El proceso, aunque algo incómodo, es indoloro generalmente y suele tardarse entre unos minutos y unas pocas horas, dependiendo la molestia y el tiempo de la sensibilidad del paciente y de la zona a pigmentar. Sin embargo, hoy en día se utilizan cremas anestésicas; se aplican aproximadamente unos 20 minutos antes de la intervención y adormecen la zona a tratar. Esto significa que, a la hora de utilizar la aguja, el paciente apenas sentirá rechazo o dolor ante los pinchazos, por lo que la operación resulta mucho más cómoda y amena para todas las partes.

Antes de realizar la operación, es muy común realizar un  tests de alergias para determinar qué tipos de agujas y tintes utilizar, para así conseguir el resultado más conveniente. Además, se realiza un estudio del rostro, para ver qué tipo de tinte y qué retoques le convienen a la persona en cuestión; una vez hecho esto, se elige el mejor color y se realiza una prueba con maquillaje no permanente, simulando el resultado de la pigmentación. Cuando las dos partes están de acuerdo y tras realizar estos pasos, se aplica el pigmento en la piel.

Tras la operación, es recomendable asistir al centro de la operación cada 12 o 18 meses para repasar el tinte, ya que este suele ir apagándose poco a poco. Eso tiene una ventaja; si llegamos al punto en el que estamos aburridos o no queremos seguir teniendo el pigmento en la piel, basta con dejar pasar el tiempo, ya que nuestro cuerpo lo eliminará por completo.